Su estudio, Grafton Architects, es especialista en la ejecución de proyectos que, lejos de buscar el espectáculo, inciden en su función social y están pensados de acuerdo al contexto urbano
Aunque históricamente la arquitectura ha sido una profesión dominada por hombres, es cierto que cada vez cuenta con una mayor presencia de mujeres que la ejercen. En las escuelas de arquitectura, de hecho, ya hace años que estudian más mujeres que hombres y, de acuerdo con los datos del Colegio de Arquitectos de Cataluña (COAC), por ejemplo, un 46% de las nuevas colegiaciones son de mujeres. En la presencia de mujeres en los premios de excelencia arquitectónica, además, se ha avanzado en los últimos años.
De hecho, podríamos incluso decir que se ha avanzado mucho en los últimos días, ya que la semana pasada conocíamos que las arquitectas irlandesas Shelley McNamara e Yvonne Farrell, fundadoras del estudio Grafton Architects, se hacían con el premio más reputado del sector, el Premio Pritzker 2020.
Es la primera vez que el mayor premio arquitectónico recae en manos de un equipo exlusivamente femenino.
Antes lo habían ganado Carme Piguem – compartiéndolo con Ramon Vilalta y Rafael Aranda- y Kazuyo Sejima – compartiéndolo con el arquitecto Ryue Nishizaway-, pero nunca antes lo había ganado un equipo exclusivamente de mujeres. Cabe recordar, no obstante, que en 2004 era la arquitecta iraní Zaha Hadid quien conseguía el guardón.
Así, es cierto que la mujer en el ámbito de la arquitectura está cada vez más presente, pero aunque no quede tanto como antes, siempre es bueno continuar dando visibilidad a la mujer en este y otros ámbitos; el COAC, de hecho, lo hacía en este artículo, en el que destacaba los mejores trabajos hechos por mujeres arquitectas catalanas , y nosotros lo hacemos hoy de la mano de McNamara y Farrell, hablando de su estilo y de la mano de sus obras.
Fundaron el estudio Grafton Architects en 1978 y desde entonces llevan más de 40 años realizando proyectos, sobre todo de ámbito local y con vocación de servicio. Y es que su arquitectura va más allá del espectáculo y tiene en cuenta la función social de los edificios ante todo; éstos están proyectados siempre de acuerdo al contexto urbano en el que se sitúen.
Se trata de una arquitectura, la suya, muy reflexiva, siempre adecuada al lugar en el que se levanta y muy respetuosa con el medio ambiente; trabajan con cuidado y detalles las secciones de sus proyectos, a menudo construidas de hormigón, y acostumbran a estudiar con paciencia qué actividades se producirán tanto dentro como fuera del edificio que diseñan antes de plasmarlo sobre el papel.
De acuerdo con el jurado del premio Pritzker, han recibido el premio “por su integridad a la hora de proyectar los edificios, por su generosidad con los compañeros de profesión, por su excelencia arquitectónica, por su actitud responsable con el medio ambiente y por su habilidad a la hora de diseñar de forma cosmopolita y con un sello muy propio y singular”.
Algunas de sus obras: